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Aliaga en la red

Neoelectra proyecta un invernadero de tomates en la antigua piscifactoría de Aliaga

Utilizará el calor residual de la central de cogeneración

 

La empresa Neolectra proyecta instalar en Aliaga un gran invernadero de tomates y otras hortalizas sobre lo que en su día se proyectó la piscifactoría. Neolectra utilizará el calor residual de la central de coogeneración eléctrica que tiene instalada. El Instituto Aragonés de Gestión Ambiental, Inaga, ha sacado el proyecto a exposición pública. La instalación del invernadero creará de tres a cuatro puestos de trabajo. El invernadero ocupará 1,2 hectáreas.

 La empresa Neolectra está tramitando la instalación de un gran invernadero de algo más de una hectárea en la zona en la que se encuentran las piscinas en desuso de la antigua piscifactoría. Allí también se construirán los correspondientes sistemas de almacenamiento de agua. El invernadero acogerá el cultivo de tomates, aunque con capacidad para el cultivo de otras hortalizas, y se utilizará el calor residual de la central de cogeneración eléctrica que se tiene instalada y en funcionamiento.

El alcalde de Aliaga, Sergio Uche, manifestó que el invernadero tiene la finalidad de cultivar tomates y que su ubicación sería el lugar que ocupan las antiguas piscinas de la piscifactoría que se proyectó pero que luego nunca se puso en marcha.

 

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Recreación en vista áerea del invernadero recogida del proyecto básico con el aprovechamiento del calor de la planta de cogenarción de Cinca Verde en Aliaga

(Encontrado en diariodeteruel.net el 13-3-2.013)

ESCAPADAS

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     Ha quedado atrás el turbulento, extraño y paradójico mes de febrero. Lo abandonas con alivio, como quien quiere emprender un nuevo viaje hacia la vida, hacia el renacer, hacia la primavera. Es verdad que el invierno todavía persiste, pero los signos de la nueva estación son ya evidentes: Naturaleza exuberante, campos de cereal reverdecidos, ríos con un caudal copioso y luz crepuscular.

     Para disfrutar del paisaje, de la luz, de otros horizontes más abiertos que el cemento y el asfalto cotidiano, lo mejor es emprender una escapada aprovechando el día festivo entre semana. Esta vez la ruta elegida no ha sido el Pirineo, sino la comarca de las Cuencas Mineras, que todavía conserva retazos blanquinosos de la reciente nevada que ha llenado de esperanza a los agricultores y ganaderos. El destino elegido es Aliaga, tu pueblo de toda la vida. Pero intentas aprovechar del paisaje que flanquea esta ruta de hora y media: campos de Belchite con sus olivos cententarios, hondonada fecunda de Muniesa, pintoresquismo de Hoz de la Vieja, vega fecunda del río Martín, desolación ante la vista de la central de Escucha, campos teñidos de blanco en Valdeconejos y el encanto de la Val, con sus pequeños pueblos y sus huertas y bancales.

     Una vez en Aliaga, disfrutas de su paisaje familiar, siempre nuevo y sorprendente. Y contemplas y recorres toda la geografía de tu infancia, inundada de recuerdos y colmada de nostalgia: el castillo, la porra, el calvario, las calles empinadas, las casas solitarias, la ermita, el cementerio, el merendero y el río. Un Guadalope resucitado - como se observa en la foto -, vital, arrollador, intrépido. Ha dejado de ser el cauce desolado del pasado verano y se enriquece de un deshielo acelerado que se ha llevado por delante el encanto romántico del paisaje nevado.  En cambio, todo es agua, vida, oro para los campos y para los pantanos del Bajo Aragón.

    Ha sido sólo una breve y fugaz escapada. Y regresas a la ciudad con el ánimo templado, con la ilusión renovada y con un pequeño poso de nostalgia al abandonar estos núcleos rurales cada vez más solitarios y despoblados.

(Encontrado en josemarco.blogia.com el 10-3-2.013)

El Molino Alto de Aliaga se quiere abrir en Semana Santa

La rehabilitación del edificio, afectado por un incendio, está casi concluida

 

 

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El Molino Alto de Aliaga, que se está rehabilitando como hotel de montaña, se quiere abrir para la próxima Semana Santa

 

El Molino Alto de Aliaga, que se está rehabilitando como hotel de montaña y que sufrió en junio del pasado un incendio provocado, está casi terminado y el Ayuntamiento quiere abrirlo en la próxima Semana Santa. El delegado territorial del Gobierno de Aragón en Teruel, José Miguel Espada, visitó ayer las obras de rehabilitación del Molino Alto, que se financia gracias al Plan de la Minería con una inversión de 2,5 millones de euros.

 

La rehabilitación del Molino Alto, que ha durado un año con la paralización por la investigación policial incluida como consecuencia del incendio, ha sido posible gracias a que la empresa adjudicataria de las obras, Bertolín Grupo, ha trabajado con tres turnos y durante los fines de semana para que no se perdiera la subvención del Plan Miner por parte del Ministerio de Industria.

El delegado del Gobierno de Aragón en Teruel, José Miguel Espada, destacaba precisamente el compromiso adquirido por la empresa adjudicataria para terminar las obras y que no se perdieran las subvenciones del Plan Miner para la rehabilitación del Molino Alto y convertirlo en un hotel de montaña, bar-restaurante y museo harinero.

La rehabilitación del Molino Alto de Aliaga comenzó el marzo del pasado año, pero en junio sufrió un incendio intencionado y se paralizaron los trabajos durante varias semanas por las investigaciones llevadas a cabo por la Guardia Civil. En diciembre se habían ejecutado la primera y segunda fase y actualmente se ha concluido el 80%.

(Encontrado el 14-2-2.013 en www.diariodeteruel.net)

Una hemeroteca en Aliaga digna de un museo

Vicente Valero atesoró centenares de periódicos y revistas

A Vicente Valero le apasionaba la información, tanto leerla como crearla y a lo largo de su vida atesoró una importante hemeroteca con informaciones tanto de carácter nacional como internacional o local. En ella tiene un hueco destacado el diario Lucha –actual DIARIO DE TERUEL– del que fue corresponsal en Aliaga entre los años 1943 y 1975.

La mayor parte de su colección la realizó desde Aliaga, en cuyo registro de la propiedad trabajaba y donde recibía diariamente tres periódicos,  el turolense Lucha y Las Provincias –que recibió hasta su fallecimiento– y Arriba, al que estuvo suscrito durante décadas. “Entonces nevaba mucho y después de cada nevada recibíamos en casa los montones de periódicos atrasados”, recuerda María Teresa Valero, que es una de sus ocho hijos.

Comenzó a coleccionar artículos de prensa el 22 de diciembre de 1947 y el primer diario que guardó fue La voz valenciana de esa jornada debido a que incluía en primera página una fotografía de su padre, Pedro Valero, y un comentario aludiendo a su labor profesional, ya que en ese momento era director del hospital de Valencia.

(Encontrado el 13-1-2.013 en www.diariodeteruel.es)

 

El consistorio quiere captar el turismo geológico con un hotel y un albergue

Aliaga es un pueblo curioso. Está rodeado de montañas con extrañas formas y colores poco habituales que hace años que cautivan la atención de geólogos y turistas que buscan lugares diferentes y originales. Pero hasta la fecha la localidad, que creó un parque geológico hace varios años, se ha aprovechado poco de este movimiento que atraviesa su municipio.

Sin embargo, las cosas pronto empezarán a cambiar. El ayuntamiento ha puesto en marcha, en varias fases, la recuperación de un antiguo molino que acogerá 14 habitaciones, restaurante y un museo de la harina.

"La segunda fase estará completa a mediados de diciembre y la tercera, en febrero", informa Sergio Uche, alcalde de Aliaga, que tiene casi 400 habitantes y se encuentra en la comarca de las Cuencas Mineras, en contacto con el Maestrazgo. "La idea es que parte de los visitantes que recibe el parque geológico coma y pernocte aquí, pues, al no haber apenas oferta turística en la actualidad, se van a Teruel y a otras localidades", apunta Uche.

Por eso mismo, los planes municipales no se detienen en la recuperación del molino, que data del siglo XIII. El consistorio planea asimismo la construcción de un albergue de estudiantes, con 55 plazas, dentro del parque geológico. El visitante de Aliaga es tan especial como su entorno. Se trata, en la mayoría de los casos, de expertos en geología o aficionados a esta ciencia. Y pueden ser de países tan distintos como Holanda y Omán. "Hay que tener en cuenta que, por su riqueza geológica, nuestro municipio es uno de los más demandados de Europa", asegura el alcalde.

 (Encontrado en www.elperiodicodearagon.com el 2-12-2.012)

La técnica lanza las campanas al vuelo

La técnica lanza las campanas al vuelo

 

Una cofradía local invierte 20.000 euros en la restauración de los campanarios. 

Aliaga siempre había vivido al toque de la campana de su iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista. En tiempos todavía recientes, los hombres subían a lo alto del campanario y bandeaban manualmente la imponente campana de bronce, de 1782, que pesaba 1.000 kilos junto con el anclaje (yugo) de madera.

"Existía un toque para cada ocasión, ya fuera la misa, un entierro o las fiestas patronales", recuerda Pilar Mateo, de la Cofradía de la Virgen de la Zarza, que, con la colaboración del ayuntamiento, ha sufragado los 20.000 euros que ha costado la restauración de tres campanas de la localidad: la de la iglesia parroquial y las dos de la ermita que da nombre a la hermandad de Semana Santa.

La costumbre de bandear la campana de la iglesia con cuerda y, sobre todo, manualmente se había ido perdiendo. La restauración, llevada a cabo por la empresa valenciana Industrias Manclús, ha supuesto no solo devolverles su aspecto y sonoridad originales.

"Además hemos electrificado y automatizado el sistema de volteo, de forma que sin ningún esfuerzo, gracias a la electrónica y un ordenador, todo se hace pulsando un botón que pone en marcha los nuevos motores", explica Francisco Gómez, de Manclús, que recientemente instaló las campanas con una grúa.

La colocación de la campana de la iglesia fue todo un ejercicio de ingeniería de precisión. "La boca de la campana tiene un diámetro de un metro, y el vano del campanario mide 1,10 metros, de forma que hubo que trabajar con mucho cuidado", afirma Gómez, que repara este tipo de instrumentos metálicos por toda España, en Francia, en Italia e incluso en Cuba.

"Cada vez se bandeaba menos la campana de la iglesia porque requiere dos o tres hombres con mucha fuerza física y equilibrio", señala Sergio Uche, alcalde de Aliaga. "Se trata de un trabajo peligroso, debido a la inercia tan fuerte que coge la campana a medida que adquiere velocidad, por lo que se puede decir que todos hemos ganado en seguridad", añade.

La instalación se llevó a cabo entre el 27 y el 29 de noviembre y este fin de semana será el estreno. En el caso de la ermita, las campanas son más pequeñas, de 125 y 34 kilos de peso una fundida en 1963 y otra en 1712.

(Encontrado en www.elperiodicodearagon.com el 2-12-2.012)

 

Las campanas de Aliaga vuelven a relucir y tañen electrónicamente

La Cofradía de la Virgen de la Zarza restaura la de la iglesia y las del santuario

 

La campana de la iglesia de Aliaga y las del santuario de la Virgen de la Zarza vuelven a lucir y a partir de ahora a tañer electrónicamente. La Cofradía de la Virgen de la Zarza encargó la restauración de las tres campanas  a la empresa Industrias Manclus que ayer, además de restaurarlas, las colocó en los campanarios. La campana más grande la de la iglesia parroquial pesa más de 600 kilogramos y data de 1712.

 

La presidenta de la Cofradía de la Virgen de la Zarza de Aliaga, Pilar Mateo, recordó que el proyecto de restaurar y electrificar las campanas de la iglesia parroquial y del santuario de la Virgen de la Zarza se acordó en una asamblea dado  el estado en que se encontraban la campana de la iglesia parroquial de San Juan Bautista y las del santuario de la Virgen de la Zarza. “La empresa Industrias Manclus se las llevó hace un mes y ahora han vuelto restauradas y electrificadas, y se han  colocado esta mañana, (ayer para los lectores)”.

(Encontrado el 29-11-2.012 en www.diariodeteruel.es

Mucho arte en Jarque de la Val

Pili Sánchez y Toni Prat cambian Cataluña por las Cuencas Mineras para seguir con su labor artesana

 

 Tenemos que ir hasta Jarque de la Val, en la Comarca de las Cuencas, Mineras para conocer a Pili Sánchez y Toni Prat, una pareja catalana que se ha instalado y empadronado en esta pequeña población no solo para vivir, sino también para seguir con su empresa de artesanía de madera con 35 años de experiencia a sus espaldas.

Cuando Toni visitó estas tierras turolenses, hace algunos años, no se podía imaginar que sería muy pronto su nuevo lugar de refugio.

El primer contacto fue a través de los miembros de la comisión de fiestas de Aliaga. Uno de ellos había conocido el trabajo de estos artesanos de la madera en un viaje a Ordesa, donde lo vieron y quedaron encantados. No dudaron en ponerse en contacto con ellos para iniciar tratos comerciales, así que los invitaron a su localidad.

En esta primera ocasión, hasta Aliaga fue solo Toni y no duda en afirmar que le impresionó muchísimo la gente sencilla  y acogedora que lo recibió, así como la tranquilidad de los pueblos próximos que visitó.

Muy pronto volvieron los dos y se empezaron a plantear la idea de instalarse en la zona. Como dice Pili, ellos no eligieron Jarque, sino que fue Jarque quien les eligió a ellos ya que reunía todos los requisitos que ellos andaban buscando. “Es un pueblo pequeño, bien comunicado, próximo a Teruel y la gente es impresionante”, cuentan. Aseguran que les han acogido “de maravilla”, les ayudan, sienten su apoyo y su colaboración. “El entorno es maravilloso, con amplias vistas”, algo que a Pili le gusta especialmente y disfruta en sus paseos con Nandu, su perro labrador.

Hace dos años que tomaron la decisión de instalarse en el valle de la Val, pero  cuando ya habían comenzado a arreglarse una vivienda y a habilitar un local para instalar el taller, recibieron una mala noticia. A Toni, en una revisión médica rutinaria, le detectaron un cáncer que requería una intervención quirúrgica inmediata; aunque se pueda pensar que este hecho pudiera ser un impedimento para seguir con su proyecto, nada más lejos de la realidad. Afrontaron con valor y energía  este nuevo reto y siguieron adelante con su idea.

Esta enfermedad supuso que Toni tuviera que dejar la actividad para jubilarse y que Pili tomara las riendas del negocio, aunque ella siempre había estado implicada en la empresa.

Para la instalación del taller recibieron ayuda de los fondos Leader, gestionado en la comarca Cuencas Mineras por Ofycumi. La empresa se llama Artoris SLU y recibió el porcentaje más alto que se da a las iniciativas privadas, un 35 % de la inversión realizada.

 

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Toni y Pili han dejado Cataluña y se han instalado en Teruel

(Encontrado el 25-11-2.012 en www.diariodeteruel.es)

La Universidad CEU Cardenal Herrera expone la hemeroteca de la familia Valero-Momblanch

  • La muestra, de gran valor histórico, podrá visitarse hasta finales de diciembre e incluye parte del archivo personal y de la biblioteca del juez y periodista valenciano Vicente Valero
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    Viernes, 16 de noviembre de 2012.- La Biblioteca de la Universidad CEU Cardenal Herrera expone hasta el próximo 21 de diciembre el archivo de la familia Valero-Momblanch, que reunió a lo largo de su vida el juez y periodista valenciano Vicente Valero y que la familia donó a la Universidad tras su fallecimiento.

    La muestra incluye una hemeroteca de gran valor histórico con periódicos editados desde el año 1926 hasta 1990, tanto nacionales (divididos en las secciones II República, la España de Franco y la España de Juan Carlos) como internacionales

    La sección denominada “Uno de cada” reúne una gran colección de revistas de diversa índole, ordenadas cronológicamente y por materias. 

    Otro fondo destacado es la serie de dosieres de prensa y fotográficos dedicados a las Fallas de Valencia (de 1949 a 1992), así como la recopilación de noticias sobre la riada de Valencia de 1957.

    La muestra se completa con parte del archivo personal y profesional de Vicente Valero, una hemeroteca de publicaciones seriadas de interés cultural y político y una completa biblioteca que incluye numerosos volúmenes del siglo XIX así como el libro que escribió en 1989, “Nuestra Señora de la Zarza, patrona de Aliaga”, y que acaba de ser publicado por la Fundación Universitaria San Pablo-CEU.

    Cesión a la Universidad CEU Cardenal Herrera

    El archivo fue donado por la familia Valero-Momblanc a la Fundación Universitaria San Pablo CEU en 2000 con el objetivo de que la CEU-UCH la custodiara, conservara, clasificara, catalogara y diera a conocer entre la comunidad científica y la sociedad.

    Durante los años 2005-2006 se llevó a cabo la instalación, inventario y cuadro de clasificación de este fondo, disponible desde ese momento para toda la comunidad universitaria y que se distribuye en 162 metros lineales en total.

    En la inauguración de la muestra, la rectora de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Rosa Visiedo, expresó su agradecimiento a la familia Valero-Momblanch por haber pensado en la Universidad para hacer entrega del archivo personal del juez valenciano. “Este un fondo de gran valor para nuestra Universidad como fuente de información, en el que alumnos e investigadores pueden encontrar referencias históricas de gran relevancia”, afirmó la rectora. 

    Vicente Valero Bordera nació en Valencia el 11 de junio de 1910. Estudió Derecho en la Universidad de Valencia y en 1942 se trasladó a Aliaga (Teruel) para trabajar en el Registro de la Propiedad. En 1949 fue nombrado Juez comarcal sustituto, cargo que ocupó hasta 1967. Compaginó su trabajo como juez con el de corresponsal del diario Lucha de Aliaga, en el que escribió 117 artículos.

    (Encontrado en http://medios.uchceu.es/saladeprensa/2012/la-universidad-ceu-cardenal-herrera-expone-la-hemeroteca-de-la-familia-valero-momblanch/ el 20-11-2.012)

    DULCE OTOÑO

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         Otoñea en la sierra, otoñea en el valle, otoñea en los corazones solitarios. El caminante se dirije con parsimonia hacia la ermita. Mientras camina por la vega, contempla las huertas vestidas de un tapiz verdeamarillo y se asoma con curiosidad por las paredes con sabor a ruina y abandono. Su mente vuela hacia el pasado mientras sus pasos le acercan a la ribera del Guadalope. Nada es igual que antes. También el paisaje cambia, se metamorfosea, se vuelva más recoleto, más apocado, más agreste, más salvaje.

        Al llegar al pradico de la ermita de la Virgen de la Zarza, su corazón comienza a palpitar un poco más acelerado y los recuerdos se entrelazan por momentos. Evoca especialmente su infancia. Y no puede evitar el halo de melancolía que le rodea como una nube pasajera. Una melancolía teñida de amarillo, como esos chopos centenarios que se someten al ritual de cada mes de noviembre: despojarse de las hojas y mostrar su desnudez, su esqueleto que anticipa el crudo invierno.

        La suave temperatura de esta mañana otoñal y la fina lluvia que acaricia las piedras del pavimento de la plaza le devuelven por momentos a otros otoños dulces, lejos de la sierra, muy lejos del valle, avasallado por el tumulto  de la gran ciudad. Hoy, sin embargo, el silencio y la soledad son sus mejores aliados. Y sólo una suave brisa compite con el murmullo de un río renacido para dotar al paisaje otoñal de fugaces sonidos. Los ecos del pasado que acompasan el latido de su corazón, de nuevo aserenado.

    (Encontrado en josemarco.blogia.com el 4-11-2.012)

    CAMPANAS

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        Las hay de todas las formas, de todas las texturas, de todos los tamaños. Por metonimia se llaman también bronces. Pero lo que más llama la atención es su sonido singular, único, inconfundible. Tengo guardados en mi mente los sonidos de numerosas campanas, pero son las campanas de Aliaga, mi pueblo natal, las que llevo en el fondo de mi corazón.

        Son varios los sonidos que desde hace décadas ondeaban en el aire del valle del Guadalope y llegaban a todos los rincones de la localidad. Distinguía especialmente el sonido solemne, pausado, profundo de la campana de la iglesia parroquial, del sonido cantarín, alegre, festivo, de la campana y el campanico de la ermita de la Virgen de la Zarza. Asociaba el sonido de las campanas a diversos acontecimientos, tanto festivos como luctuosos. Todavía recuerdo el toque de campanas cuando acababa de fallecer algún vecino del pueblo. Me estremecía al oír ese contrapunto de sonidos lentos que expresaban un contraste entre el agudo y el grave que despertaba la curiosidad de todos los vecinos en torno al nuevo difunto. En Semana Santa, enmudecían las campanas y daban paso a las matracas o a las carraclas. También sonaban las campanas de modo acelerado cuando había un incendio o una desgracia colectiva. Afortunadamente, eso no ha ocurrido demasiadas veces.

        Las campanas marcaban también el paso de las horas. De madrugada, cuando había tan pocos relojes en las casas, el sonido de las campanas nos ayudaba a conocer la hora exacta e incluso las medias horas o los cuartos. Ahora ya casi no les prestamos atención. Además, la megafonía está supliendo muchas de las funciones de los antiguos campanarios. Eso sí, en Aliaga aún se mantiene la tradición de bandear - darle la vuelta entera a la campana - el día de San Juan Bautista, patrono de la parroquia. Antes lo hacían los quintos; ahora se reclama a voluntarios con fuerza y mucha maña.

        En la literatura y en el cine las campanas siempre han tenido un protagonismo esencial. Basta recordar clásicos como La Regenta de "Clarín", Tristana de Galdós o la célebre obra de Hemingway, Por quién doblan las campanas. En Zaragoza hay un local que se llama la Campana de los Perdidos y en Velilla de Ebro una jugosa leyenda asociada a una campana. Pero dejo para otro día estas consideraciones literarias y artísticas.

    (Encontrado en josemarco.blogia.com el 13-9-2.012)

    Ecologistas alegan contra la instalación de un parque eólico en Aliaga

    Medio ambiente

    El colectivo asegura estar a favor del desarrollo de la energía eólica, pero pide que el proyecto sea sometido a Evaluación de Impacto Ambiental.

    Ecologistas en Acción de Teruel ha presentado alegaciones al proyecto de parque eólico Fuenfresca en Aliaga porque consideran que el lugar donde está previsto ubicarlo es de especial protección geológica y natural.

    Los ecologistas solicitan que el proyecto sea sometido a Evaluación de Impacto Ambiental, al afectar a espacios Red Natura 2000 y estar cercano a zonas de especial protección para las aves.

    Sometiéndolo a este procedimiento, explican en una nota de prensa, el proyecto contará con un Estudio de Impacto Ambiental riguroso.

    Los ecologistas aseguran que están a favor del desarrollo de la energía eólica pero en este caso, justifican sus reservas por "el tamaño del proyecto, su acumulación con otros, el uso existente del suelo, así como la afección a un área protegida como es el Parque Geológico de Aliaga".

    Recuerdan que existen precedentes de parques que se sometieron a este proceso administrativo como el parque 'Agualobos' en Galve.

    Suscriben las alegaciones sobre alegaciones al paisaje y la fauna presentadas por geólogos, y colectivos como Sollavientos y la Sociedad Española de Ornitología (SEO-BirdLife).
    (Encontrado en heraldo.es el 13-9-2.012)

    PEÑAS

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        No voy a hablar esta vez del paisaje agreste y rocoso que rodea mi pueblo natal. Tampoco voy a hacer alusión a una de las obras más famosas del escritor regionalista José María de Pereda. Cuando aún está caliente la carcasa de la traca de fin de fiestas con la que concluyeron las fiestas de Aliaga en honor a la Virgen de la Zarza, guardo en mi memoria la silueta inconfundible de los peñistas de cada una de las veintitantas agrupaciones de amigos que hay en la localidad.

        En las últimas palabras del alcalde y de los miembros de la comisión de fiestas 2012 había una afirmación unánime: si no fuera por las peñas, las fiestas del pueblo serían muy distintas. (¿Serían fiestas?) No intento mitificar el papel de las peñas. Ni mucho menos. Intento expresar lo que he ido observando durante este largo e intenso fin de semana. Detrás de cada acto festivo hay un peñista más o menos comprometido, muy entusiasmado y, eso sí, enamorado de su pueblo.

        Desde niños, los hijos o nietos de los habitantes de Aliaga - casi todos ellos residentes en la capital - comienzan a agruparse por edades e intereses y empiezan a buscan un local donde reunirse, a pensar en el nombre que los identifique y a elegir la indumentaria adecuada: pantalón con peto y sudadera. La peña se convierte desde entonces en un motivo de ilusión, en una buena excusa para volver con frecuencia al pueblo, para no perder las raíces, para fomentar la convivencia no sólo durante los días festivos sino en otros momentos puntuales del largo invierno de la sierra.

        Cuando hablamos de las peñas, podemos despertar una cierta polémica. Porque no todo es blanco ni todo negro. Y hay zonas grises, claroscuros y momentos brillantes. Pero está claro que, desde hace varias décadas, es un modo de vivir las fiestas, lejos de las aglomeraciones tradicionales, del mando y ordeno de la autoridad y de los actos organizados desde arriba. Gracias a las peñas, ya hay comisión de fiestas para el 2013. Y ayer, lunes, empezaron a trabajar. Y a soñar con las efemérides que salpican el calendario festivo del curso que comienza.

    (Encontrado en josemarco.blogia.com el 11-9-2.012)

    CASTILLOS

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         Desde mi ventana contemplo cada mañana después de desayunar la silueta austera e inconfundible del castillo. En realidad, lo que diviso hacia el oeste es la mole de piedra sobre la que se asentó el antiguo castillo sanjuanista de Aliaga, lugar fortificado erigido en una eminencia desde la que se podían vigilar las entradas y salidas a la ilustre villa turolense.

        La historia de este castillo se remonta, al menos, al siglo XII. Fue reconquistado por Alfonso I en 1118, pero volvió a manos musulmanas pocos años después. Se sabe con seguridad que en 1163 perteneció a la orden de San Juan y a partir del siglo III se conformó una importante encomienda en torno a esta fortificación. Los episodios más recientes se remontan a la segunda guerra carlista. En 1840 el general O’Donnel sitió el castillo de Aliaga que se sometió a las fuerzas isabelinas sin sufrir grandes destrozos.

         Pero la realidad actual es muy distinta a la que muestran los antiguos grabados. Durante el siglo XX el abandono y deterioro del castillo fue constante. Y así se ha llegado a una situación difícil de solucionar. Ruinas, escombros y algún fragmento de la antigua muralla son testigos mudos de esos 4000 metros cuadrados de su recinto. Se antoja como algo utópico hablar de una posible restauración, pero no sería una idea descabellada trazar una pequeña ruta desde el pueblo hacia el castillo para que los vecinos y turistas pudieran ascender con una cierta comodidad y contemplar desde lo más alto no sólo la población sino incluso parte de la comarca.

         En esta mañana veraniega, mientras asciendo al castillo por un camino estrecho y pedregoso, recuerdo los sueños de mi infancia, las aventuras con los amigos al pie de sus maltrechas murallas, las cabañas, los juegos, la huida de lo cotidiano y la búsqueda de vestigios de otros tiempos. Eso sí, la mole sobre la que se asentaba la antigua fortaleza sigue siendo una de las señas de identidad del pueblo, junto con la Porra y todas las montañas que conforman este importante Parque Geológico. Desde arriba contemplo el pueblo en este día caluroso de agosto. Contemplo los perfiles de las casas, la huerta, el cauce desolado del Guadalope, la hilera de chopos centenarios, el horizonte azul sin una nube que anuncia el regalo tan esperado de la lluvia.

        Hay tantos castillos abandonados en España, hay tantas fortalezas diseminadas por la geografía aragonesa que es casi imposible pensar en una restauración de estos enclaves históricos para usos turísticos o culturales. En la provincia de Teruel, ciudades como Alcañiz o Mora de Rubielos tienen excelentes castillos perfectamente restaurados y transformados en paradores. Pero queda mucho camino por recorrer. De momento, uno se contentaría con ese acceso a lo más alto y un pequeño Centro de Interpretación.

    (Encontrado el 9-8-2.012 en josemarco.blogia.com)

    FUENTES

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         Cuando se tiene sed, nada hay más placentero que beber agua directamente de una fuente o de un manantial. Es como comer un pan recién horneado o saborear una fruta recién cogida del árbol. Todo ello, a pesar de las prevenciones y de los avisos de los precavidos dirigentes sanitarios. Muy cerca del puerto de San Just, en la carretera de Teruel a Alcañiz, está la famosa fuente del Vaso. Es un lugar de parada obligada para muchos viajeros que aprovechan para llenar sus garrafas de agua, haciendo caso omiso del cartel que indica que es agua no potable. Tendrían que indicar que es agua no tratada. Cada cosa por su nombre.

         En el término municipal de Aliaga hay varias fuentes y manantiales. Debido a su orografía y a su singular situación geográfica, este pueblo turolense está rodeado de norte a sur de diversas fuentes, todas ellas con su nombre y su peculiaridad. Si llegamos al pueblo desde Teruel o Zaragoza, poco antes de llegar al barrio de Santa Bárbara, se encuentra en una pequeña cueva, al borde de la carretera, la fuente de la Canaleta. Un lugar fresco, agradable y recoleto. Poco antes de llegar a Aliaga, está la fuente de la Porra, un pequeño manantial castigado últimamente por la sequía y el estiaje. Si tomamos la carretera de Miravete, siguiendo el cauce del río Guadalope, dejamos a la izquierda, después de cruzar el río, una de las fuentes más emblemáticas de Aliaga, la de la Cedrilla, siempre con su pequeño chorro de agua fresca, a pesar de la sequía que estamos padeciendo. Poco más adelante está la fuente de los Baños, con su correspondiente abrevadero para el ganado de las masadas más cercanas. En el mismo pueblo, muy cerca de la ermita, el merendero y el cámping, está la fuente de la Virgen, que está tomada de la red de suministro de agua a la población. Y hacia el oeste, en la parte alta de Aliaga, muy cerca de las antiguas escuelas, se encuentra la fuente de Capileta, casi siempre seca, adonde acudíamos a refrescarnos en los recreos de nuestros tiempos de escolares. Y ya un poco más lejos, tomando un camino a la izquierda desde la carretera de la Aldehuela, se esconde una de las fuentes más escondidas y desconocidas, la fuente del Molar, con un agua de excelentes propiedades medicinales.

         Siempre que vuelvo a mi pueblo natal, me gusta visitar todos estos lugares y saborear sus cristalinas aguas. Son pequeños oasis que tal vez las jóvenes generaciones ni siquiera conozcan. Son rincones en los que hemos disfrutado de meriendas con los amigos, de encuentros vespertinos o de avituallamientos durante una larga travesía. A veces me pregunto qué sería de Aliaga sin sus fuentes. Para mí siguen siendo una de sus señas de identidad.

    (Encontrado en josemarco.blogia.com el 30-7-2.012)

    HUERTOS

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         Se están poniendo de moda los huertos urbanos. Con el incremento del paro, las prejubilaciones y la prolongación de los años de vida, muchos hombres, y también algunas mujeres, ocupan su tiempo de ocio en cultivar una pequeña parcela y disfrutar del aire libre y de las hortalizas que a los pocos meses van produciendo. Pero los huertos con más historia y tradición son los huertos rurales.

         Antes los huertos eran un medio más de vida y, en algunos casos, un medio de supervivencia. Casi todos los pueblos de la provincia de Teruel estaban surcados por un río o una acequia y rodeados de una superficie de huerta más o menos cultivable. Los tiempos han cambiado y el huerto va cediendo paso a las parcelas para edificar segundas residencias, a los espacios para que paste el ganado o al recinto de recreo para la familia o los amigos.

        En Aliaga todavía quedan algunos excelentes huertos – como el que figura en la fotografía -. Pero, lamentablemente, cada vez son menos las personas que se animan a cultivar un trozo de tierra. La zona que tiene las mejores huertas es la de la Vega, muy cerca del pueblo. También se siguen cultivando pequeños huertos en la zona de la Masada Romero, en Las Tablas o en los aledaños del Cascajar. Sin embargo, los terrenos que bordean el río La Val en dirección a Santa Bárbara están casi todos yermos y abandonados desde hace varios años. Poco a poco van desapareciendo los límites entre un huerto y otro,  se van cegando las acequias y la maleza se está adueñando de lo que hace unas décadas eran lozanas huertas. Sólo quedan como testigos mudos algunos frutales, una partida de chopos y los robustos chopos cabeceros.

         Algunos hablan de una posible vuelta al campo y al cultivo de estas tierras yermas y abandonadas. Soy escéptico al respecto. Muy mal se tienen que poner las cosas para que nuestros hijos o nietos regresen a la azada, al tractor o la mula mecánica. Ojalá no sea así. De todos modos, tal como están las cosas, nada se puede descartar. Eso sí, está claro que la mayoría de los jóvenes prefieren dedicar el tiempo de ocio a otra actividad. El cultivo de la huerta no les atrae, salvo contadas excepciones. Los huertos los asociamos a las personas mayores. Quizás no debería ser así. Pero es lo que hay, como decía un amigo mío.

    (Encontrado en josemarco.blogia.com el 27-7-2.012)

    LAS ERAS

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         Todavía recuerdo que, en mi temprana infancia, las eras eran un lugar de juegos, de aventuras, un recinto lúdico. En mi pueblo había eras de todo tipo. Estaban cubiertas de hierba y en verano, cuando llegaba el tiempo de la cosecha, recibían la mies espigada que era triturada por el trillo que daba vueltas y más vueltas como una noria, y aventada por una máquina rudimentaria, que entonces nos parecía el invento más sofisticado.

         Recuerdo especialmente la era del tío Juan – que aparece en la fotografía adjunta -. Está situada en el lugar más elevado del pueblo. Desde allí se divisaba el perfil de las casas arracimadas hacia el castillo, las cruces del calvario y la airosa torre de la iglesia de San Juan Bautista. Esperábamos ansiosos la llegada de las caballerías, que acarreaban el cereal y lo esparcían formando un curioso círculo. Todos buscábamos la oportunidad de montarnos encima de la tabla del trillo y comenzar a rodar y rodar. Eso sí, intentábamos mantener el equilibrio y huir como de la peste de esos filos dentados que suponían un peligro para nuestra integridad física. Mientras tanto, la aventadora no paraba de expulsar un polvo insolente que llamaba nuestra atención, pero nos mantenía lo suficientemente alejados para evitar cualquier imprevisto.

          En Aliaga había dos eras un poco más grandes, como de más categoría. Eran las eras largas y las eras cortas. En ellas se concentraban varios corrales y se trillaban varias cosechas de mies al mismo tiempo. Las que más me gustaban eran las eras largas. En ellas, cuando llegaban las fiestas de septiembre, se celebraban diversos juegos populares como carreras de sacos, carreras de burros o la captura de un gallo que pendía de un palo alto en forma de cucaña. Todo ello ya pertenece al álbum olvidado de la memoria.

          Hoy las eras son lugares solitarios y desolados. Los pequeños corrales están abandonados o se han convertido en garajes o almacenes. Sólo queda el recinto cubierto de hierba y de maleza. Ha ocurrido lo mismo que con las otras eras, esas pequeñas parcelas o bancales que tapizaban las colinas del castillo y que se trabajaban año tras año para extraer de la tierra un fruto escaso pero necesario. Los tiempos han cambiado tanto en las últimas décadas, que nuestros hijos sólo conocen una acepción de la palabra ERA: período de tiempo más o menos amplio en que puede dividirse la historia. Las demás acepciones sólo quedan en ese mausoleo de las palabras que es el diccionario. Y en la memoria de los que vivimos esa época irrepetible.

    (Encontrado en josemarco.blogia.com el 25-7-2.012)

    El incendio del Molino de Aliaga fue provocado, según algunos indicios

    La Guardia Civil, que investiga el siniestro, remitirá un informe próximamente 

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    La semana que viene se conocerá la causa del incendio en el Molino Alto de Aliaga

     

     

    La semana que viene se conocerá de forma oficial la causa del incendio que destruyó la maquinaria y parte de la estructura del Molino Alto de Aliaga el pasado 25 de junio. El equipo del Laboratorio de Criminología de la Guardia Civil de Barcelona, especialistas en incendios, elaborará un informe en los próximos días que determinará la causa y origen del fuego. Diario de Teruel ha podido conocer que hay indicios que el fuego en el Molino Alto, que se estaba restaurando, fue provocado.

    A lo largo de esta semana se desplazó a la localidad de Aliaga un equipo del Laboratorio de Criminología de Barcelona de la Guardia Civil para investigar la causa del incendio que destruyó el pasado 25 de junio la maquinaria del Molino Alto, así como parte de la estructura del inmueble que se estaba restaurando para convertirlo en un hostal con  14 habitaciones, restaurante y museo. La restauración del Molino Alto de Aliaga es un proyecto del Ayuntamiento pero que financiaba el Plan Miner con 2,5 millones de euros.

    (Encontrado en www.diariodeteruel.es el 13-7-2.012)

    A VISTA DE PÁJARO

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         Un paseo matinal por los alrededores de Aliaga lleva consigo el ascenso de alguna pequeña montaña y la contemplación del paisaje de este hermoso valle desde cualquier eminencia dentro del itinerario. La sierra tiene unas ventajas que el llano no nos ofrece. El ascenso rompe la monotonía del paisaje y nos ayuda a ver lo cotidiano de un modo distinto. Es como la vida misma.

        Hoy me he dirigido hacia la carretera de Camarillas. Desde la Porra, he tomado un sendero pedregoso que va ascendiendo progresivamente hasta la carretera. Un atajo que ha sido utilizado durante muchos años por los caminantes y por las caballerías. A mitad del camino, el abrevadero que llegó a saciar la sed del ganado está casi seco y abandonado. La misma sequía que el río La Val. Hace muchos años que no veía el cauce de este río tan desolado. Al llegar a la carretera, compruebo que hay una máquina excavadora y que la están arreglando. Quieren añadir un carril más a este tramo que no se ha reparado nunca. Me sorprenden estas obras en tiempos de crisis. Casi no pasan coches. Parece una ruta desolada y fantasmal. Eso sí. La vista que contemplo desde un mirador del Parque Geológico es impresionante: Aliaga en el fondo del valle, con la torre de la iglesia y la hilera verde de chopos cabeceros; hacia el norte Hinojosa de Jarque y Jarque de la Val, que parecen un mismo pueblo; y, sobre todo, cerros, colinas, pequeños picos y los plegamientos que indican que hace miles de años esta zona estuvo bañada por las aguas de algún mar oculto.

          Desciendo hacia el barrio de Santa Bárbara y me acerco a la partida de campos que bordean el río La Val. Compruebo con tristeza cómo la hierba va ganando terreno, los frutales pierden sus ramas, las paredes se desmoronan y las lindes desaparecen. El abandono y la soledad son el denominador común de unos campos que hace cuatro décadas producían todo tiempo de hortalizas y frutas de invierno. Al acercarme al cauce del río, compruebo de nuevo los devastadores efectos de la sequía. Cada vez se estrechan más sus márgenes y cada vez se parece más a una acequia. Sólo los chopos sobreviven a este deterioro del paisaje. A vista de pájaro se apreciaban mejor todos los detalles del valle, pero ya más cerca se pueden comprobar los efectos de los inviernos desolados y de la escasez de agua.

         Me quedo con la sensación agridulce de lo que fue y con la incertidumbre de lo que serán estas sierras cada vez más agrestes y solitarias. Eso sí, lo pintoresco del paisaje gana terreno día tras día.

    (Encontrado el 9-7-2.012 en josemarco.blogia.com)

    EL MOLINO DE ALIAGA, HOY



    Aunque mi catolicismo práctico no sirva de ejemplo, quiero confesarme, necesito confesar mis pecados de pensamiento, no de acción; más que nada porque no tengo nada de lo que arrepentirme en este sentido. Sin embargo, en cuanto a los aspectos mentales, si tengo razones para buscar la paz, ya que mi mente está teñida de negro, negro humo de tea quemada. Me es difícil controlar mis sentimientos, mi rabia, mi impotencia, mi furia, mi odio. Aunque hago verdaderos esfuerzos por controlar lo que en mi interior se desarrolla, no puedo conseguirlo. El inconsciente, que por otro lado no sé porqué se denomina así, puesto que la inmensa mayoría de nuestros actos cotidianos se rigen por él, se desarrolla independientemente de mi yo consciente; así, mientras que mi parte consciente busca una causalidad, en el incendio del Molino, fuera de lo humanamente comprensible y atribuye estas a hechos fortuitos o casuales, mi inconsciente busca un culpable humano, busca incesantemente una mano culpable, una mente perturbada, un cerebro vacío.
    En mi propia lucha interior en busca de ese culpable, humano por un lado o material y natural por otro, cada vez toma más forma y se abandera como ganador la primera idea, defendida por mi yo inconsciente.
    Todos los datos que mis redes neuronales analizan, me acercan, contra mi propia voluntad a las tesis inconscientes, me conducen a esa persona sin rostro que en un acto incomprensible produjo semejante catástrofe. Por otro lado, el propio absurdo de este acto crematorio, en el que no hay beneficio ni beneficiado, me separa de esta idea. Pero claro, esto es pensando desde la razón, desde una consideración estereotípica del ser humano, según la cual el hombre realiza actos razonados y es por esto que se diferencia del resto de las especies animales. Fríamente y por desgracia, es posible que las bases de las que parte mi pensamiento sean erróneas, el hombre, por naturaleza, no tiene que ser bueno. El fin justifica los medios, tal como nos demuestran continuamente las manipulaciones americano europeas en Oriente Próximo, donde la venta de armas, el control de hidrocarburos y la protección sin restricciones de Israel, se superpone al coste en vidas humanas y miseria que esto supone al otro lado de la balanza.
    Quiero convencerme que pese a que el edificio que hoy llora las piedras que en su día le dieron forma, estuvo dos días cerrado, sin obreros en su interior, que pese a no tener luz eléctrica, que además de no haber habido tormentas eléctricas, ardió en su propio vientre por causas no humanas. Pero no puedo, tiene que haber algo que se me escapa, tiene que haber otra causa, pero no logro encontrarla. Si bien, no soy ningún experto en esta materia y aún sabiendo que el tema va a ser analizado por un grupo de expertos de la Guardia Civil de Barcelona, mi cerebro gira en torno a este suceso por la impaciencia y con la esperanza de que este grupo dé la razón a mi yo consciente. Mientras tanto mis dos “yo” pugnan por la razón y no lo puedo evitar.
    Cada día entro en las páginas de los periódicos con la ilusión de ver de nuevo aquello que fue; pero siempre me agraden con la imagen de lo que realmente es, un montón de vigas de tea negras por el fuego que las consume irreversiblemente y piedras que se amontonan en una lluvia lenta, pero incesante a los pies de los muros de los que hace poco formaban parte.
    Se que mi propio debate es un debate compartido individualmente por todos los que queremos el pueblo, Aliaga, y de todos los que apreciábamos este singular y único edificio, no solo como edificio, no solo como industria, sino como parte de nuestra historia, parte de la historia de vida de los que fueron sus moradores. Y también sé que quizás no haya culpable, al menos lo espero; pero que si lo hay, tampoco sabremos su rostro y eso es más peligroso, pues en ese caso todos pueden, podemos ser culpables, a la vista de los demás. Cada uno buscará su propio pirómano.
    Confío que tras el exámen de la zona nos sorprendan con una resolución que libere de culpa a cualquier bípedo racional; pues de lo contrario, si no se designa un DNI concreto, una nueva tea comenzará a arder y esa será muy difícil de extinguir.
    (Encontrado en http://jvazquez301.blogspot.com.es/?spref=fb el 3-7-2.012)